La responsabilidad nos lleva a un estado de alerta permanente, y muchas veces nos hace vivir como si nuestro camino más que una senda fuera un precipicio. Cuando en la trayectoria profesional de un individuo se le cruza la posibilidad de liderar un proyecto, el cerebro actúa para desmarcarse del terreno seguro en el que transitaba para colocarse un chaleco antibombas y salir a lograr los objetivos de manera autónoma. Ser responsable de una sección de una empresa ya conforma en sí una buena montaña rusa. Pero… ¿Y si no sólo lideras una sección sino que eres el dueño del proyecto? Ahí, los roles se solapan y realmente podemos sentirnos abrumados y sufrir el síndrome del 24/7. No desconectamos, y eso nunca es bueno para la mente, el cuerpo ni la emoción.

Hoy queremos aprovechar el espacio de divulgación del Blog de Magalia, para hablar de las emociones dentro del mundo de la empresa, y en particular dentro del mundo de los autónomos o empresarios. Cuando tu trabajo también es tu proyecto de vida, tu inversión, y el sustento de tu familia, el grado de implicación va más allá, y con él va aparejado el grado de ansiedad y responsabilidad, ya sea en momentos en los que los buenos resultados nos eleven a un cielo engañoso, como en otros en los que las caídas nos llevan a un estado cercano a la depresión.

Es lo que denominan la montaña rusa del empresario, y aunque parece imposible de evitar, sí hay componentes del autoconocimiento y la inteligencia emocional que nos pueden ayudar a evitarlo e incluso a convertirlo en algo motivante para cualquier profesional.

¿Te imaginas pasar 30 años haciendo exactamente la misma función? Una y otra vez… Todo lo contrario que el carrusel de emociones que representa la vida de un empresario/autónomo, se antoja la vida de un asalariado al que las funciones de su cargo le vienen impuestas y quien no puede salir ni improvisar ni cambiar nada, año tras año, década tras década.

Pensar que la vida del empresario está llena de cambios, tanto de lugares, como de personas, como de retos intelectuales o físicos nos ayuda a motivarnos y a recordar por qué un día decidimos ponernos el mundo por montera y emprender.

¿Cómo evitar que la montaña rusa nos arrolle?

En primer lugar, si la vida empresarial es a veces un caos, debemos más que nunca hacer un esfuerzo para tener una vida personal lo más estable posible. Dormir bien, respetar unos horarios mínimos, cuidar la alimentación y no descuidar las relaciones personales supondrán una especie de manta protectora del estilo de vida empresarial elegido.

En segundo lugar, olvida las exigencias del cliente o del mercado y pregúntate. ¿Es rentable y productivo todo lo que hago? ¿De verdad no puedo alargar un poco más los plazos y trabajar más relajado? Te aseguramos que no hay ningún cliente que no pueda esperar un plazo de 24-72 horas más por un servicio o producto, y hay que aprender a separar las exigencias temporales de un buen cliente, con las manías de histeria, o el aburrimiento de otros. Tú decides tus plazos. Un truco es calcular cuánto tardarás en hacer una tarea, dar dos días más, y si puedes entregarla en menos. El cliente estará agradecido de por vida.

En tercer lugar, entiende que el deporte no es una opción. A mayores niveles de estrés, más necesidad tenemos que generar oxitocina y serotonina, dos hormonas que con deporte diario conseguiremos elevar. Ríe, pasea, habla, en solitario o en compañía, pero no dejes de aunque sea caminar 1 hora a diario.

Cuarto: Invierte en formación. Es posible que la gestión empresarial al principio te lleve a un caos, pero no es lo recomendable. Estar bien formado y conocer todo tipo de técnicas y programas que nos pueden ayudar a ser más organizados y efectivos nos ayudará a salir de la montaña rusa.

Quinto: Delega. La mejor empresa es aquella que no necesita tener al jefe para todo. Crea equipos independientes, preparados y con proacividad, y deja que se responsabilicen de sus tareas. Tu mejor tarea es tu valor añadido, y no puedes ser el responsable de todo.

Sexto: Descansa. Tú más que nadie debes respetar los periodos de descanso previstos. No por más trabajar lo estás haciendo mejor. Parar, desconectar y tener hobbies te ayuda a ser más productivo y estar más feliz en tu trabajo. No lo olvides.